Los Toraja y sus funerales: cuando la muerte se convierte en celebración

Nota previa: Numerosos estudios antropológicos han estudiado la cultura Toraja. En el caso de este artículo, toda la información está basada en nuestra propia experiencia y aquello que los mismos Toraja nos contaron sobre su propia cultura. Bajo ninguna circunstancia queremos faltar el respeto ni falsear información, se recomienda consultar artículos de estudio antropológicos para contrastar y complementar la información. 

En nuestro paso por Sulawesi descubrimos una de las culturas que para nosotros fue de las más sorprendentes de Indonesia (y del mundo entero): los Toraja.

La primera vez que escuchamos hablar de ellos fue gracias a nuestro amigo Raúl. Él visitó esta región hace más de 10 años y, cuando le contamos que íbamos a Indonesia, nos habló de los Toraja con los pelos de punta:

“Entierran a las personas en huecos de las paredes rocosas de las montañas, y a los niños en los árboles, para que así sigan creciendo con ellos”.

Esa imagen nos voló la mente. Y fue ahí cuando decidimos que en nuestra ruta teníamos que visitar la región Toraja sí o sí.

 

Lo que encontramos fue todavía más impresionante: rituales funerarios que duran días, cuerpos conservados durante años, féretros paseados por sus aldeas y figuras de madera que representan a los difuntos. Una tradición que desafía nuestra manera de entender la vida y la muerte.

¿Quiénes son los Toraja?

Los Toraja viven en las montañas de Tana Toraja, un rincón verde y remoto de Sulawesi. El camino hasta allí no es sencillo, y quizá por eso su cultura se ha mantenido tan intacta. La mayoría de los Toraja son cristianos, aunque también hay una minoría musulmana, y en ambos casos conviven con un fuerte sincretismo animista que los caracteriza.

Durante los funerales, los Toraja visten de una manera muy particular: llevan una especie de bufanda cosida a ambos lados que se cruzan en diagonal, un símbolo cargado de identidad.

Otro de los rasgos más llamativos de esta etnia son sus casas tradicionales, los Tongkonan. Estas construcciones de madera, elevadas sobre pilones y con techos que recuerdan a barcos invertidos, están decoradas con un sinfín de tallados. Pero más allá de su belleza arquitectónica, los Tongkonan son elementos sagrados: cada vez que se construye uno nuevo o se modifica, debe realizarse una ceremonia.

Sin embargo, lo que realmente hace únicos a los Toraja es su relación con la muerte. Sus rituales funerarios, profundamente enraizados en su cosmovisión, desafían por completo nuestros esquemas sobre la vida y la muerte.

La muerte entendida de otra manera

Para los Toraja, la muerte no llega de golpe. Cuando alguien fallece, lo consideran simplemente “enfermo”, y el cuerpo permanece en la casa familiar durante semanas, meses o incluso años, hasta que la familia consigue reunir el dinero necesario para organizar el funeral (nosotros asistimos a un funeral de una señora que llevaba 5 años muerta). La primera pregunta que me surgió —y seguramente también la tuya ahora mismo— fue: ¿y no se pudre el cuerpo?

La respuesta es que los Toraja llevan siglos perfeccionando este proceso. Antiguamente usaban una mezcla de plantas con propiedades conservantes, pero hoy en día la medicina moderna también ha llegado hasta aquí y son las enfermeras locales quienes se encargan de inyectar formol para que los cuerpos se mantengan en buen estado.

Durante todo este tiempo, desde el fallecimiento hasta el funeral, en la puerta de la casa ondea una bandera blanca que avisa de la presencia del difunto. Pero lo más sorprendente es que esa persona sigue formando parte de la vida cotidiana: se le sirve la comida, se le habla, se le cambia de ropa y se le cuida como a un miembro más de la familia.

Los funerales Toraja: una fiesta multitudinaria

Asistir a un funeral Toraja es una experiencia intensa. La mayoría de los funerales se celebran en los meses de julio y agosto y suelen durar varios días. Siempre inician y acaban con un oficio del pastor o cura, ya que la mayoría de los Toraja son cristianos. Sin embargo, lo que pasa entre ambos oficios es algo que no se parece en nada a los funerales cristianos en los que hemos estado. 

Durante días e incluso semanas, realizan sacrificios de animales (hace muchos años también sacrificaban humanos), hacen batallas de búfalos, comen y beben mucho, hacen procesiones larguísimas y celebran la despedida del difunto como los españoles celebraríamos una boda.

No todos los funerales son iguales, siempre depende del poder económico de la familia: cuanto más dinero, más ostentoso y festivo será el funeral. Se dice que un Toraja pasa toda su vida ahorrando para su funeral. En los funerales más pequeños, se sacrifican pocos o ningún animal, mientras que en los grandes asiste hasta la tele. 

Antes del funeral, la aldea entera se implica en la preparación: se construyen estructuras de madera para alojar a los invitados, se arreglan los caminos, se crean decoraciones, se preparan los elementos festivos, se prepara comida, se organizan los eventos, etc. Los invitados son avisados con antelación, a menudo meses antes, para que todo el mundo pueda preparar su viaje y asistir a la despedida de su ser querido. 

Mientras tanto, la persona «enferma» sigue en casa y se le trata como uno más: está en la mejor habitación de la casa, le hablan, cambian de ropa y hasta le dan de comer. 

Los rituales en los funerales: actividades de todo tipo

La procesión inicial: un desfile muy diferente a los de moda

Después del oficio religioso, empieza oficialmente el funeral Toraja. Es en ese momento que todos los asistentes, vivos y muertos, desfilan desde la casa familiar hasta la arena, el lugar donde más tarde se llevarán a cabo la mayoría de las actividades. En ese desfile, las personas, animales y muñecos pasean cantando y haciendo muuucho ruido: bailes, gritos, música… Todo esto retransmitido en todo momento por un presentador y con el féretro llevado por algunas personas, moviéndolo como se mueve a la virgen en una procesión de semana santa.

Además de ese desfile, a menudo el féretro se pasea por los lugares significativos para la persona fallecida: la escuela donde estudió, los campos donde trabajó, o incluso la aldea de su infancia, aunque todos estos lugares estén en otro pueblo  a donde se celebra el funeral. Es una manera de despedirse de su mundo terrenal antes de emprender el viaje al más allá.

A veces, junto al féretro también se lleva un Tau-Tau, un muñeco de madera tallado a mano que representa al difunto. Estos muñecos no son simples figuras, sino auténticos retratos: imitan su ropa, su postura y hasta su expresión. Más tarde se colocan en balcones excavados en los acantilados, desde donde “vigilan” a la familia y al pueblo. Ver esas hileras de Tau-Tau mirando hacia el valle es sobrecogedor: parece que los ancestros nunca se marcharan del todo.

Comida, bebida y merchandising

Como en cualquier celebración, en un funeral Toraja hay comida y bebida por todos lados, con servicio de catering incluido para todos los asistentes. Incluso, a menudo hay stands con juguetes para los más pequeños.

Además, durante todo el rato, el presentador (a veces los presentadores) retransmite por un sistema de altavoces a modo comentarista, haciendo bromas y manteniendo al público activo, con un tono muy cómico. La gente ríe y disfruta, siendo esa la verdadera prueba de que es una celebración.

Las personas se visten para la ocasión: había mujeres y hombres vestidos de forma tradicional con diferentes trajes, otros grupos parecían uniformados vestidos de los mismos colores y, incluso la familia vestía camisetas con la cara de la persona fallecida, deseándole un buen viaje. Todo el pueblo es decorado al más mínimo detalle y hay carteles con decoraciones de flores que personas o instituciones regalan a la persona fallecida, similar a nuestras coronas de flores, siempre con la cara de la persona presidiendo el cartel.

Sacrificios y batallas de animales

Durante los días que dura el funeral, se hacen sacrificios y batallas de animales (normalmente cerdos y búfalos) que se han comprado específicamente para este. El objetivo de estos sacrificios es que la persona sea protegida y acompañada por estos  animales en su llegada al más allá. 

El precio de los animales varía, pero ya te aseguramos que para un bolsillo indonesio (o mochilero), los animales son muy caros. El búfalo albino, el más caro y símbolo de mayor poder, puede llegar a costar 15000 euros y los normales, unos 2500. Nosotros estuvimos en un funeral en el que contamos más de 30 búfalos, dos de ellos albinos. Haz los cálculos. 

A menudo, muchos de estos animales son «regalos». Pero estos regalos tienen trampa: si en el futuro tienes que ir a un funeral de una persona que regaló un animal a tu familiar en su funeral, tendrás que devolverlo. Es por eso que muchos Toraja regalan animales a otros funerales durante su vida: tener una mayor cantidad de animales en su propio funeral y, de paso, aligerar la carga a sus descendientes.

Hay que decir que, para nuestros ojos occidentales, las batallas de búfalos, y en especial los sacrificios, son momentos sangrientos y nada agradables. El olor a sangre impregna el lugar y el animal es deshollado a la vista de todos. Solo algunas personas pueden sacrificar los animales, es un oficio que pasa de generación en generación, igual que el de los presentadores y otros muchos roles que hay en los funerales. Al finalizar, la carne de estos animales se reparte entre toda la aldea, a modo de agradecimiento por haber ayudado a preparar el funeral.

El entierro: el final del funeral (pero no de la presencia del difunto)

Después de los días de fiesta, llega el momento del entierro. En cuanto el pastor, cura o imam acaba su oficio, le cantan varias canciones de despedida a la persona fallecida y la llevan al lugar de entierro, a veces mausoleos o tumbas, otras veces acantilados donde cavan un agujero y luego cierran con madera o, en el caso de los niños, en árboles para que sigan creciendo con ellos. 

El momento del entierro es el momento más solemne, se queda la familia más allegada (aunque a nosotros nos invitaron) y se entierra a la persona con dinero, tabaco y mil millones de cosas que necesitará en su vida en el más allá. Pero la relación con el difunto no acaba ahí, la persona está presente en la vida de las personas, el Tau-tau, si lo hay, queda en el balcón o al lado del mausoleo protegiendo a los vivos y, una vez al año, se realiza el Ma’nene. 

El Ma’nene es un ritual donde los difuntos son desenterrados para reencontrarse con los vivos. En ese momento, les cambian de ropa, los pasean por el pueblo e incluso se hacen fotos con ellos. Para cualquier Toraja, es un reencuentro familiar: hablan con ellos y lo reintroducen, por un breve tiempo, en una reunión familar. 

Consejos para visitar a la región de Tana Toraja

Respeta siempre la cultura y creencias de este pueblo (y de todos aquellos que visites): es importante evitar juicios de valor y faltas de respeto. Mantén la mente abierta, el mundo es muy diverso y nuestro mejor consejo es que intentes quitarte todo aquello que tengas preconcebido y aprender al máximo de ello. 

Asegúrate de visitarlo en las fechas adecuadas si quieres (o quieres evitar) ver rituales: Los funerales Toraja y el Ma’nene se realizan en los meses de julio y agosto, principalmente. Si quieres asistir a ellos, asegúrate de visitar la región en esta época. Y si los quieres evitar, lo más recomendable es que no lo visites en esta época: los Toraja son muy hospitalarios y rechazar una invitación puede significar una falta de respeto. 

Lleva un obsequio: los Toraja creen firmemente que todo aquello con lo que entierren a la persona lo va a utilizar en el más allá. Es por eso que agradecen mucho cualquier obsequio. No hace falta que sea grande, con un paquete de tabaco o un pequeño donativo económico será suficiente y alegrarás a la familia. 

Prepárate mentalmente: La muerte se respira en cada rincón, tanto si visitas tumbas como si asistes a un ritual. Si eres una persona aprensiva y amante de los animales, no te recomendamos que asistas a los sacrificios (suelen en momentos concretos del funeral, si preguntas puedes evitar presenciarlos, así lo hicimos nosotros). 

Nuestra experiencia en Tana Toraja

Durante la semana que pasamos en Tana Toraja, tuvimos la oportunidad de asistir a tres funerales, de diferentes clases sociales y en diferentes momentos del funeral. Hay que decir que si viajas en época de funerales es algo bastante difícil de evitar. Los Toraja son muy hospitalarios y que un extranjero asista al funeral es considerado como una «mejora» para la persona que se va. 

También fuimos a ver diferentes pueblos, con sus casas Tongkonan y las tumbas están por todos lados, además de algunos lugares donde puedes ver huesos humanos durante tu paseo. 

Para nosotros, fue una manera de entender la muerte de otra manera. Para los Toraja, la muerte no es un tabú ni un momento de tristeza absoluta, aunque evidentemente el echar de menos está presente en todas las culturas y de eso no se libra nadie. Es una transición que merece celebrarse, con paseos por los lugares amados, con muñecos que guardan la memoria y con rituales que reafirman los lazos familiares. Nos hizo reflexionar sobre cómo, en nuestra cultura, solemos evitar la muerte y vivirla como un acontecimiento muy traumático, mientras que aquí se convierte en el centro de la vida social.